domingo, diciembre 24, 2006

A medias.

Nietzsche sugiere que Dios se aburrió de construir la Tierra el séptimo dia, a la manera en que nosotros dejamos multitud de cosas a medias por que dejan de motivarnos. Y de ahí que el mundo no esté del todo articulado, que no sea la máquina perfecta a la que aspira. Puede que el octavo dia hubiese decidido ponernos cimientos en el cerebro. A nosotros y a la naturaleza, evitando así la entropía en cualquiera de sus multiples formatos. No es ningun secreto que todo tiende a desordenarse y degradarse. Y si algo se construye, es a costa de la destrucción de otros muchos sistemas aún en pie. Por eso no es ninguna maravilla hasta este texto que se termina encima de disordering y no puede alcanzar una conclusión digna de la cual venga decir ditirambos especial de otropugna por lateral sólo a ciertos niveles más farlopa infumable gti 8 puertas destacamentos del Quijote a propósito, último aliento socorro.

sábado, diciembre 23, 2006

La de.

Me hace gracia. No por que sea incorrecto, que lo es. Aunque me entra bien la gente que habla correctamente y con variedad en su léxico, no me considero especialmente pedante. O por lo menos no al nivel de despertarme en medio de la noche, sudando y gritando "Sigo queriendo ayudarlo señor Washington". Y básicamente, esta muletilla me hace gracia por que tambien la uso yo, y de hecho no he conocido a nadie que no la use. Me refiero a ese comodín ampliamente instalado en nuestro lenguaje que es "La de", y que nos sirve para que los demás sepan de que canción o película estamos hablando (sospecho que sólo se utiliza en estos dos casos). Su formato más usual suele ser el explicativo, da una entrada perfecta para soltar a continuación el argumento:

-Juan, he ido esta tarde al cine.
-¿Y que has visto?
-La de la tía malabarista que se queda manca.

-Juan, me gusta aquella canción.
-¿Qué canción cari?
-La de que el tío no la quiere pero pa joder a un amigo se la tira.

Por supuesto, a la hora de que nos entiendan a través de la citación del cantante o actor de turno, también sirve:

-Juan, alquila aquella peli.
-Alquílala tú, zorra.
-Sí hombre, la de que sale el tio de Pretty Woman.

-Juan, Pepe me ha regalado un cd muy chuli.
-Le partiré la cara ¿vale cari?
-Está la del Orozco esa que te gusta.

Acaso, los usos más feos de que dispone el "La de" de marras, tienen que ver con la música. Sí amigos, la Música en su estado más puro (por primario). ¿Quíen puede decir que nunca ha tenido que torear con la vergüenza ajena en cuanto un amigo o familiar se le ha puesto a berrear con intenciones Proustianas?:

-Juan, ¿Me quieres, como en aquella canción?
-Qué chuminadas dices tronca, me tienes hasta el epicentro de los cojones.
-Sí hombre, ¿no te acuerdas?, la de naaana neopreno na naaa tu amoor ninonino hipoglucemia nanana siempreee...¿Te acuerdas?

En fin amigos, no se avergüenzen de seguir usando esta divertida joyita de nuestra lengua, ¿qué lengua?, La del Quijote copón.

-Juan, ¿Qué vas a hacer con el hacha de Ikea?
-Ladearla un poquito cari, sólo eso.

miércoles, diciembre 20, 2006

Círculo virtuoso.

-Ring ring riiiing...
-Woswis al aparato, dígame.
-Sí, mire, le llamo del Círculo de lectores, es usted socio ¿no?
-En efecto caballero.
-Ajá. Verá, es para hacerle unas preguntas sobre el Círculo, a ver que opinión tiene y todo eso.
-Pues no tengo opinión, la verdad. No se qué decirle. Ustedes llaman al timbre y me venden libros. Y poco más creo recordar.
-Ya ya, pero sobre la revista y el comercial quiero decir. A lo mejor lo cojo en un mal momento. Le llamo de aquí a una horita y usted se lo piensa, ¿okey mister Woswis?
-Como quiera.
(Media hora después)
-Riiiiing ring riing...
-Al habla Woswis, ¿puedo ayudarle en algo?
-No sé si me recordará, soy Juan del Círculo. Lo llamé hace un rato.
-Lo recuerdo con precisión.
-Entonces digame. ¿Qué opinión o sensaciones le merece el Círculo?
-Ya le he dicho que ninguna. ¿Por qué me obliga a esto?
-Oiga, no me joda, he estado media hora mirando el teléfono con tensión intentando imaginar qué opina de nosotros. ¡Dígamelo!
-Qué violencia...
-Disculpe. ¿Qué tiene contra las opiniones?
-Pues he dedicado esta media hora a reflexionar al respecto. Creo que los parámetros sociales establecidos nos obligan de manera inconsciente a tener una opinión sobre cualquier tema por estúpido que sea si queremos ser considerados miembros del rebaño.
-Pues sí que ha pensado, sí.
-Es sólo una opinión, por eso.
-Qué gracioso. En fin, seré más concreto. ¿Qué le parece el comercial que le toma nota cada mes?
-Bueno... Ya sabe... Me mira de forma especial. Me pone algo nervioso. Pero lo hace bien, lo de los libros digo.
-Hablaremos con él. Le dejaremos claro el punto 3.71 "Miradas especiales a clientes".
-No quiero buscarle un problema, que es muy majo el chaval...
-Hay que educar al personal, que se ponen burros si no estas encima. Por otro lado, ¿le gusta la revista?
-Las ediciones son chulas, pero la selección es basura. Cohelos, Follets, Grishams, y toda esa caterva anormalizante. Me es difícil encontrar algo cada mes, ¿sabe?
-Ya, como confesión le diré que a mí tampoco me gusta el catálogo, pero bueno, mi opinión no es importante supongo...
-¿Qué le gusta leer a usted?
-Bueeeno... yo... No puedo hablar de esto en horas de trab...
-¿Camús? ¿Le gusta? A mí me entusiasma.
-¡Sí! Me apasiona Camús, coincidimos de pleno. Lo he leído todo de él, la verdad.
-Pues entonces, entenderá que me resulto absurdo opinar de cualquier cosa, ¿no?
-Pues no le veo la relación. Camús habla de quesos...
-Me parece que se confunde con Enric Canús, el famoso autor de "Quesos de Uruguay y su aceptación en la península ibérica" ¿Cierto?
-Joder, pues sí. Qué equivocación más tonta... ¿Ha leído "Quesos de Balaguer en el siglo XIX"? Es fabuloso, si le gusta el queso, vamos.
-No.
-Ya. Bien, gracias por sus opiniones, serás tenidas en cuenta. Buenas noches.
-Adiós.
Click.
-Gilipollas.

lunes, diciembre 18, 2006

Una vida con pop-ups.

Jamás ha sido fácil amar, jamás.
Con las primeras lunas
mis sueños conocieron su lluvia,
y refrescaron mis pensamientos,
áridos de puro absurdo.
Lluvia límpida y torrencial que
regaba un vergel de esperanzas
y días azules como la música misma.
Se me inundaron los sueños
de cristalina lluvia
-y casi creí ser ave-
hasta que la mordedura del tiempo
arrancó el tiempo de mi pecho.
Recuerdo bien la lluvia
escapando lentamente de mis sueños,
por mis cansados ojos.

jueves, diciembre 14, 2006

Nota.


Estos posts de más que hay más abajo se deben al cierre de mi otro blog: "Yo seré". Un blog de poesía algo más íntimo que este, pero que tenía algo abandonado. He decidido pasar aquellas poesías al Hombre que veturbio, y como soy tirando a poco apañao para estas cosas, he perdido todos los comentarios que los acompañaban. Lo lamento de veras.
Seguiremos por estos lares amigos.

Otoño.

Tiene algo de metáfora el otoño.
Huimos de esas nubes plomizas,
demasiado bajas para ser circunstanciales.
Demasiado grises e inmensas
como para no ser otra cosa
que el voluptuoso eco
de los gritos de la memoria.
Perversamente, nos recuerdan
el útero burlón y cínico
de la bola de nieve en la que,
desgarrados o aburridos, todos paseamos.
Esa preciosa esfera burbujeante
que no es tanto un difícil panorama,
como un cementerio de esperanzas.

Primeros pasos.

Debíamos tener unos dos años
cuando pusimos la primera piedra
del pequeño teatro con aluminosis
en que representamos nuestras historias.
Queríamos encajar
(dios, cómo queríamos encajar)
el triángulo de plástico,
¿recuerdan?
en el hueco circular,
como alucinados pitágoras en pañales.
Observando la manera de no acertar,
preguntando qué ocurre a las mamis,
pensando que lo hacíamos mal remal,
y experimentando esas sensaciones
que nos tendrían que acompañar
el resto de los años.
Sólo que aquella vez,
la primera,
disponíamos de tantísimas oportunidades...

Siempre al norte.

Nuestro gran, genial invento
es la brújula de norte variable.
Con su habilidad para evitar suicidios
y encandilar nuestras miradas
al siguiente norte,
siempre más bonito que el anterior.
Una caja de sorpresas que funciona
aún en los peores momentos,
esos en que,
asediados por el silencio
buscamos un grito sin vocales.

Cristal de acuario.

Todos creemos distinguir más allá del cristal,
todos queremos ver más allá.
Nadamos con los ojos bien abiertos,
rodeados de edificios y árboles de plástico,
nos cruzamos con otros dóciles peces
con los que compartimos mirada de estupor
y pensamientos narcotizantes.
Todos, veanlo, buscamos ese cofre del tesoro
hipnotizados por sus burbujitas,
de formas distintas y de esencia compartida
-alta rentabilidad en ING,
o un concierto del grupo de moda,
o la compra de aquel coche-
Todos las respiramos y las olvidamos,
al encuentro compulsivo del siguiente cofre,
sin reparar en la vacuidad del asunto y,
sin reparar, sobretodo,
en ese diosecillo eventual
que asoma su mesmérico rostro
desde más allá del vidrio,
y golpea con el dedo mientras ríe diabólico:
"je je, qué monos estos monstruitos"

Cansada profesora.

La vida o, por decirlo a tu manera,
esa forma de sacudir el fantasma
de lo que nunca seremos.
La vida, ya digo, es insistente.
Se empeña en la didáctica práctica,
y nos enseña artimañas como
no conducir excesivamente bebidos,
o a distinguir qué pájaros ríen de nosotros
allá en las alturas,
o a no regalar el corazón a nadie,
ni siquiera sin que ese nadie se de cuenta.
Nos enseña a buscar cobijo en la tormenta
y a masturbarnos, por así decir, ante el Sol.
La vida, no perdamos el hilo,
en qué de cosas nos instruye.
Lástima lo pésimos alumnos que somos.

Caricias de la memoria.

No sé. Recuerda el jazz a algo.
Sentado en un club oscuro,
no sabes si ha comenzado a sonar
o están en las pruebas de sonido.
Recuerda a algo esa incertidumbre
o esa progresión de ruiditos vitales.
La absorción propia de sus piruetas,
tu mecánica atención buscando sentido
y ese dejarse llevar alegremente.
¿A qué recuerda? ¿Qué se oculta?
La nula importancia de la partitura
y la magnificiencia de los intérpretes.
Es bonito y quieres que dure y dure.
Tu razón se va a hacer ganchillo
frustrada y capada por lo invisible.
En la calle se oyen disparos
o vuela rápida una navaja
pero,
¿Por qué da igual el resto del mundo?
¿Qué poderosa esencia contiene el jazz?
Paulatinamente se apaga la melodía
o su genial ausencia,
y despiertas al sucio silencio.
Sabiendo a qué recuerda el jazz.

Ciudades nocturnas.

Es la noche parecida a los sueños
¿verdad?
Las ciudades vistas de lejos
sin luna siquiera
con sus lucecitas fúnebres
te llaman para no sabes qué
como deformes sirenas
afónicas en su inutilidad.
Las ciudades vistas de lejos
nada saben de nadie.
Sólo quieren bailar un poco
y perdonar todo a todos
a cambio de parar el tiempo.
Pero al terminar la noche
su sueño fenece en pálida rabia.
Y nosotros, dioses y muñecos,
despertamos confusos
sin saber que el último baile,
es para la dama.

viernes, diciembre 08, 2006

Jugador caduco.

Me conmovió aquel árbol
jugando al Black Jack.
Inclinado sobre el tapete,
con sus ramas más gruesas
protegiendo las dichosas cartas.
Su actitud era sombría,
y debía llevar más de un bourbon encima,
no sé si saben por donde voy.
Sus hojas eran plenamente marrones.
A pesar del terrible noviembre,
las tenía todas el muy pillo.
Advirtió mi mirada de asombro
y me dijo desde sus adentros:
"Soy un jugador atípico, amigo,
en cuanto venga una buena racha,
me quedaré pelado"

lunes, diciembre 04, 2006

Contextos.

Aunque ya sea rozando la esfera de lo inapropiadamente inhumano, conceptos como demodé, outsider, vintage, y todos esos tecnicismos tendenciosos cuyo significado es más fruto de una intuición colectiva que algo apenas definible en cuanto nos ponemos a ser concretos, no consiguen salir de la voluntariedad bizarra y creativa. Creo que hay una belleza fascinante en la descontextualización involuntaria. Creo que late una profunda crítica al ser humano cuando, en un viaje de autobús entre Tarragona y Madrid, y después de cinco calurosas horas, al conductor le da por pasar "El acorazado Potemkin" en la tele. Me aturde y me maravilla la ironía implícita que subyace a la idea de traducir Otelo al vasco. Creo en la fuerza de voluntad que nos lleva de manera infalible al error y el fracaso más estrepitosos. No sé bien que quiero decir, como ya habrán notado los más avispados lectores. Supongo que sólo quiero justificarme. Hubo quien no entendió, y hasta criticó, que tras el accidente en el que el autobús Tarragona-Madrid quedara tumbado en la cuneta y los bomberos comenzaran a sacar gente de aquel amasijo de hierros, yo exclamase "Sáquenme de aquí el último, que quiero acabar de ver la peli del submarino".